En el plano en el que estamos todo tiene un ciclo: inicio, desarrollo y fin; día, tarde noche; nacimiento, crecimiento y muerte. Es algo inevitable. Cada vez que iniciamos algo, una relación, un proyecto, un trabajo, queramos o no, éste llegará a su término. Incluso, entre una fase y otra hay una conclusión para poder avanzar a la siguiente.
Pero ¿por qué nos cuesta tanto aceptar que algo ya pasó? Puede ser porque tenemos miedo a lo desconocido y muchas veces preferimos vivir en la fantasía de los buenos momentos de una etapa, que darnos cuenta que ya está finalizando. El detenernos en cualquiera de estos pasos nos impide crecer y nos mantiene atorados en algo que por más que nos aferremos, ya no será igual.
Esto es muy común en las relaciones de pareja: la primera faceta es la del enamoramiento, después hay un cambio a un estado más maduro y finalmente se puede llegar al compromiso o terminar. Muchas parejas se apegan a la primera, en la que todo es color de rosa y químicamente el cuerpo produce sustancias que hacen sentir muy bien.
Al llegar el término de esto, si no están preparados para dar el siguiente paso, viven infelices porque no aceptan que viene algo diferente. Tenemos miedo al cambio porque lo asociamos con algo negativo pero, ¿qué tal que entraremos en una situación mucho mejor? Esto no lo podremos saber a menos que aceptemos y estemos listos para dar el siguiente paso.
¿Cómo hacerlo? Apreciando y agradeciendo lo bueno del momento que está por terminar y enfocándonos con esperanza a lo nuevo.
Las promesas verbales o inconscientes que hicimos a alguien también pueden ser cadenas que nos impiden avanzar. Te sugiero que cuando estés pasando un momento difícil o una transición, te des un momento para analizar lo que has vivido. Puedes incluso escribir en un papel todo lo bueno que experimentaste y lo aprecies. Lo malo también anótalo y agradece también lo que fue y el aprendizaje que tuviste.
Acepta con humildad que no podrás cumplir algunas de las promesas que hiciste. Visualiza a estas personas y diles que aunque en su momento las hayas hecho con todo el amor, hoy ya no puedes cumplirlas. Esto te hará sentirte libre. Toma tiempo, pero poco a poco, una vez que vayas fluyendo con el proceso, te ubicarás en el presente y listo para vivir una nueva fase que podrá llenarte incluso de mayores satisfacciones que la anterior. Es cuestión de que te des permiso de vivirla.